Una mujer en un colegio de hombres

Actualizado: 9 de sep de 2019



Niki Ortiz Castellanos lleva el pelo largo, lacio y rubio. Lo primero que dice, antes de contar sus experiencias educativas, antes incluso de pedir una coca, es que ayer llamó a una peluquería de barrio para pedir un turno y le dijeron que no, que ahí no atendían hombres. Con tranquilidad, volvió a llamar y les intentó explicar que se estaban equivocando. No hubo caso: no atendemos hombres, le repitieron. Les escribió por Instagram, ya no tan tranquila. No contestaron. Fue al local. Estaba cerrado. Necesitaba descargarse, contar lo que había pasado, denunciarlos. “Voy a tomar acciones legales. Si me aceptan en el Jockey, cómo me van a decir que no en una peluquería de barrio. Era un simple brushing”.


Militante de la moda, Niki maneja las redes de Tramando, una de las tiendas de ropa más vanguardistas e innovadoras de la Argentina. Su trabajo consiste en generar vínculos entre marcas y personas. Siempre le gustó usar corbata, le parece canchero. Le interesa lo andrógino, o lo concebido como andrógino, de la moda. Sueña con ser productora de moda y directora creativa.

- Empecé en un preescolar mixto. Después pasé a donde mi familia quería que fuera: al San Martín de Tours. Ahí estaba totalmente alienada, imaginate. No me sentía en contexto. Estaba rodeada de todos varones y era la única mujer. Una mujer en un colegio de hombres. Que ironía, ¿no?

-¿Qué era lo más difícil?

-Lo más difícil fue cuando pasé a secundaria. Tenía trece años y estaba en la etapa de la pubertad, ahí se empezó a hablar de sexo. Me desmayaba en todas las clases de educación sexual, que desde ya que no era integral. Me mostraban una anatomía con la que no me sentía identificada. Soy una mujer heterosexual y me pones todas imágenes fálicas y sí, se me va a bajar la presión. Me estás hablando de un cuerpo diciéndome que es mío y por dentro estoy pensando que no lo es.

-¿Pudiste seguir estudiando ahí?

-Después de los trece años empecé a rendir libre. Los primeros dos años me dejaron rendir libre en el San Martín de Tours. Después, me pase a un colegio público. Pero siempre rindiendo libre. Hasta que me atrasé y terminé en un acelerado.

-¿Te echaron del San Martín de Tours?

-No me negaron seguir estudiando, fui yo la que se quiso ir. Pero sí me hubiesen negado ir como mujer porque es un colegio de varones, ya te lo está diciendo el colegio. Si yo iba, estaba renunciando a mi género. existe también el San Martín de Tours de mujeres pero este colegio era el de varones, dirigido por curas.

- ¿Te hubiesen dejado ir al de mujeres?

- Olvidate, son peores. Imaginate que a mi hermana no la dejaron entrar porque es hija de padres divorciados. Así que no había chance alguna.

- A los trece años dejaste de ir al colegio, ¿Por qué? ¿Qué pasó ahí?

- Ataques de pánico. Ahí es cuando empezaron a medicarme. Me vieron más de veinte psiquiatras. Me hicieron test de todo tipo. Empecé a tener ataques de pánico fuertes. Cada vez aguantaba menos. Hasta que me empecé a escapar, a dejar de ir a la escuela. Un día me tomé un frasco de pastillas de melatonina. No tenía idea, imaginate. Empezaron a darme Rivotril y así comenzó mi camino con el clonazepam y todos los medicamentos que se te ocurran. Pasé mi adolescencia prácticamente drogada.



- ¿Y qué hacías?

- Al principio me quedé mucho en casa. Me costaba salir de la cama. En ese momento empecé a estudiar maquillaje y en ese ámbito me sentía mucho más cómoda. En la moda, y en el arte en general, el género es algo más fluído. Entonces, era un espacio donde me encontraba aunque todavía me costaba verbalizar algunas cosas.

Yo a esa altura ni me animaba a cuestionar el género. Era cuestionar el mismo respirar.

- ¿Cuándo empezaste a cuestionar el género?

- En mí siempre lo supe. Recién lo empecé a verbalizar después de la adolescencia. Ya pasar como un hombre asexuado o andrógino era toda una locura. Pero tenía algo de popularidad. Era algo nuevo, mis compañeros no sabían lo que era una persona gay. En realidad, tampoco lo supieron porque yo no era una persona gay. Después empecé a verbalizar, a exponerlo, a mostrar más. Ahí es cuando tengo un intento de suicidio.

-¿Por qué? ¿Qué pensabas?

-Eso fue una consecuencia de la discriminación a nivel cotidiano. El miedo a la mirada. El ambiente donde yo estaba. El miedo a dejar de pertenecer. Conocía mucha gente del Opus Dei. O sea, el miedo a perderlo todo. A perder posibilidades de trabajo. A no ser aceptada.

-¿El miedo era real?

-El miedo era totalmente real. Tenés menos posibilidades de trabajo. Desde ya que es real. Todos los miedos eran totalmente reales. Hasta tuve problemas con mi familia. Después salió la Ley de Identidad de Género y ahí me fui empoderando.



-¿Cómo se modificó tu vida cuando se aprobó la Ley de Identidad de Género?

- Cuando salió la ley tenía veintidós años. Estaba muy mal, me acababa de operar las lolas porque no me había podido operar de la labioplastia. Y me entero por las noticias que salió la ley. La leí y empecé el trámite para hacer el cambio en el documento. Que aparezca sexo masculino todos los días era violento hacia mí. Era espantoso. Mejor si no dijese nada del sexo, pero si va a hacer referencia quiero que figure que soy una mujer. La ley es lo que me da derecho a decirle a alguien que está equivocado y me da herramientas legales. La ley me ampara y es importante para poder realizar una acción legal en caso de que me discriminen. Como con lo de la peluquería. La ley me permite decirles ahora yo no soy un hombre, soy una mujer, me tienen que hacer el brushing.

- Ahora que pasaron los años, ¿qué le dirías a los directores del San Martín de Tours?
- Les diría que tengan cuidado porque están jugando con la vida de la gente. Y que todes somos personas y nos tienen que tratar como seres humanos. Les diría que lo que hacen es inhumano. Voy a hacer que pongan por escrito en mi legajo que soy una mujer que fue a un colegio de varones.


Si tuvieras que hablar con un chico o chica, ¿que le dirías?
Que recurra a gente. Si estuviese con esa persona le diría contame lo que quieras. Que lo hable, que no tenga miedo. Y que pelee por ser quien es. Es su decisión y de nadie más. Nadie más puede decirle quién es.